Ya es lunes, hemos vuelto a la rutina pero aún nos queda el regustillo de nuestra aventura por tierras oscenses, así que como el rey del castillo no nos ha podido acompañar este finde vamos a hacer los honores de publicar en este su humilde tablón el bando de la semana.
Viernes 22, con retraso sobre el horario previsto por alguna que otra rezagada, arrancamos de Astrabu rumbo a Candanchu, recogiendo por el camino al resto de la cuadri. El finde pintaba mal, anunciaban mal tiempo por lo que mas que pensar en las rutas que ibamos a hacer algunos se rompieron el tarro pensando en qué parroquias ibamos a matar las horas, acompañadas del brevaje de endrinas que nos llevaba nuestro querido Antoine, quien este finde a pasado de Manowar a Rizitos de Oro.
A penas cuatro horas después los cuerpos de élite se levantan sigilosamente, y ataviados con todo tipo de hierros, cuerdas y demás artilugios dirigen sus pasos a la aventura extrema del día. Unas once horas después, nos alegramos de verlos a todos ellos sanos y salvos. El Rubi no puede ni con las pestañas, José Mª se queja de su supuesto “michelin”, Oscar intenta que no nos enteremos de que ha perdido un mosquetón en plena escalada y Vicente en su línea, como si se hubiese dado un paseito por la Gran Vía con su txurri. En fin, que el esfuerzo fue grande, el cansancio considerable, pero la satisfación de haber superado su reto y haber alcanzado la cima del Axpe por el corredor compensaba todo.
Tras un sencillo desayuno de albergue la mayoría se dedicó a desgastar sus tablas pista arriba, pista abajo mientras otros siete dirigidos por Antoine y escoltados por Yolo, quién cerraba la cola con sus tablas de travesía, nos enfilamos rumbo al Vértice del Anayet siguiendo las recomendaciones que nos había dado nuestro querido Atela. Tomamos la GR11 a la altura de Rioseta y nos dirigimos hacía Canal Roya. La marcha fue cómoda al principio pero pronto nos topamos con los restos del primero de unos cuantos aludes que tuvimos que sortear, procedentes de las laderas del Pico Larraca. Alud arriba, alud abajo y siguiendo en todo momento el cauce del rio llegamos hasta el Refugio de Canal Roya, donde nos calzamos las raquetas y tiramos ladera arriba. La pendiente era fuerte y tras un avanzar lento y tortuoso para alguna miedica que otra, alcanzamos un coyado, que por lo que he podido saber después, era el del Vertice del Anayet.
Verduras con beschamel, albondigas de lata, yoghourt casero, caldito reserva del Rizitos y de aperitivo el brevaje de endrinas que éste mismo nos llevó camuflado en un termo de café. Unos pocos arreglaron el mundo entre birra y birra mientras esperaban a los goles del Athletic, pero el resto del pelotón se retiró al catre prontito.
Bocata rápidito, y dejando atrás una gran nevada, el Dioni nos trajo enteritos y menos mareados que a la ida, de vuelta a nuestros puntos de partida.
