La nieve vuelve a casa como el almendro, por Navidad. Aunque es muy blanca también puede ser muy negra según el momento , el lugar y de las circunstancias .
No hay que advertir a nadie de que la semana pasada ha sido una semana de perros , meteorológicamente hablando , hemos tenido alertas de todos los colores , como la caja de pinturas de Alpino y cuando uno lleva cinco días en ese escenario es difícil encontrarse de repente uno mejor para el finde .
Contra todo criterio racional y fieles a nuestro compromiso , ayer nos fuimos , no voy a decir directamente , por que confusiones en la carretera las hubo desde el principio , hasta Durango dónde a los pies de las montañas blancas y con una lluvia locuaz pero intermitente se antojaba perezosa la subida del Mugarra .
Marga salió de la cama con la idea de comer unas alubitas en Mañaria , Alberto a pasar el Domingo dónde le echaran , Iñigo cogió el mapa de la zona por si acaso y para más inri Marta nuestra eterna guía llevaba un track cambiado.
En las estribaciones del Mugarra los baserris estaban salpicados en medio de este mar de agua como las sopas en caldero y el estrecho sendero hasta el paso de Kataska se hermanaba con Iguazu , corria más agua por el sendero que por el arroyo . Indudablemente hoy era un día de Katiuskas .
Era mi primera subida por el paso de Kataska , que en mojado se pone interesante , pero se superó al final del mismo cuando la nieve comenzó a hacer presencia , apenas 3 centímetros en el collado que iban engordando a medida que cogíamos altura y que se transformaron en 40 centímetros en la cima del Leungane .
Aquí dónde la lluvia ya era granizo , los árboles habían dulcificado sus ramas desnudas y paliformes por suaves repisas de nieve, desde la cima se veía el Alluitz encima de las copas blancas y la gran roca que los junta con Anboto se confundía en blanco con la niebla cimera .
El cielo se ponía cada vez más negro , nos avisaba de la tregua que nos había otorgado en la que comimos el bocata y nos animamos a crestear Leungane , ahora si , ahora era tiempo de agradecer la deferencia y volver sobre nuestras huellas a paraguas abierto .
Aunque tuvimos momentos de debilidad a lo largo del camino de ascenso , tentados por unos huevos con chorizo, soñando con un vasito de vino y acabando con un arroz con leche al calor de una chimenea , no nos dejamos arrastrar y nos conformamos con los bocatas y un caldo de porrusalda . Aunque tuvimos tentaciones de subir el espolón calcareo de Mugarra , también lo dejamos por que todos lo hemos hecho ya , y ayer no estaba la mesa preparada para el banquete . Aunque tuvimos tentaciones de quedarnos en casa , no tuvimos ninguna duda en admitir que menos mal que no lo hicimos .
A estas alturas del calendario , en las que Santo Tomas va a ser atropellado por el Metro de Bilbao, en las que las Navidades pintan huérfanas a merced de la gente que mira escaparates y la poca que compra , en las que soñar y desear sigue siendo el único valor que nadie nos puede levantar del bolsillo: quiero aprovechar desde aquí para desearos los mejores sueños y el valor necesario para llevarlos a cabo en un año que promete ser duro pero al que ya le encontraremos las vueltas para dulcificarlo.
Hasta el año que viene domadores de infortunios .
Gerardo











