Hacía tiempo ,
mucho tiempo que no caía una gota de humedad , los robles marojos y las encinas
carrascas entonaban un color de otoño sin serlo, fruto de la deshidratación ,
cada pisada nos recordaba el acto de un verano eterno forrado en unos caminos
amarillos gobernados por los cardos ,
los zarrapotes y unas hojas secas y frágiles que crepitan a nuestro andar .
Los caminos se
han difuminado , el propio sol acobarda a los caminantes que los dibujan
habitualmente y así perdidos a su función no tienen otro futuro que el de ser
borrados y olvidados . Una hilera de colores de 17 figuras discurre entre ellos
buscando lo perdido , si, es verdad que al fondo se ve y se encuentra la Peña
de la Población pero el resquicio por el
que discurrir no es tan evidente desde las fincas de Alla-Fuera .
La Población se
levanta solitaria ,visible desde cuatro provincias , señorial y forjada de historia
, allí quedan aún vestigios de los Carlistas atrincherados que dueños del peñón
lo defendieron y aguantaron hasta el final del conflicto , en tiempos más
reciente lo conquistaron y vistieron los helicópteros con dos prominentes
torres de comunicaciones que a día de hoy también han dejado solo sus manchones
de hormigón y desde ayer quedarán
algunas gotas de vino que por descuido o falta de pericia quisieron regar su
cima .
La peña como
decía , tiene una estampa imponente pero su ascensión no requiere mérito alguno
, ya en la cima donde cómodamente nos ubicamos todos , los 17 y algunos más que
pasaban por allí podíamos distinguir
unos paisaje pálido de sed en la Rioja , apenas cuatro puntos verdes perdidos
en la calima del medio día , a nuestra derecha un paisaje atlántico vestido de
hayas y robles de un verde aún así menos intenso del habitual y “allina” en el frente los cortados de la
sierra de Cantabría con el Palomares y
el Peña Alta .
Por suerte el
descenso no fue aéreo como nos habían destacado y alegres después de la gozosa
comida compartida , bien regada y mejor sabida nos resguardamos del sol en unos
bosques que me llevaron treinta años atrás . Cada sendero , cada bloque de
árboles , cada tronco hueco y sobre todo el olor del boj que aún mantiene la
humedad en esta ladera me presentaban otras caras , otra compañía , otras
conversaciones y otras inquietudes .
Entonces todos
nos sabíamos dueños del paisaje y nunca
nos perdíamos , subíamos sin prisa y buscábamos el misterio de lo desconocido ayer
tuvimos que ver si con 3 GPS podíamos seguir la huella , el misterio quedaba
varado al margen del camino, ausente , inadvertido pero aun así pudimos distinguir
la belleza de su paisaje .
Desde que tengo
conciencia de este terreno siempre supimos que la barrera natural de las Peñas
marcaba algo más que el límite provincial , marcaba el verde Paisaje del valle
del río Ega, marcaba el límite de nuestro salón de juegos , marcaba la
dimensión de nuestros sueños .
Pero de eso hace
ya tanto tiempo , aun así siempre que paso me gusta abrir la ventanilla del
coche y dejar que el olor a boj y monte me invada cuando desciendo por el
puerto , hemos cambiado los carros
de bueyes y las mulas por los coches y tractores , hemos vaciado el pueblo de
vecinos pero las montañas continúan indolentes al paso de un tiempo efímero nosotros pasamos inadvertidos pero nos van llenando.
Nota:
Ayer nos juntamos
un gran grupo y a pesar de “la Calo, la sudo y el ingrato camino matinal “
tuvimos nuestra recompensa por la tarde , buen ambiente , bonito paisaje y
sobre todo un grupo muy majo , a cada uno de los diecisiete gracias por querer seguir
disfrutando . Buena semana gandules .
Gerardo