Cuantas veces nos hemos encontrado que las prisas a la hora de calzarnos desatiendan la necesaria sacudida de botas previa , de manera que cualquier cuerpo extraño no se aloje y acabe formando parte de nuestros queridísimos pinrreles . De todos ,en este grupo ,es conocida la historia de alguno al que se le quedo un “clip” alojado y que la pereza y la precipitación impidieron sacar antes de que pasara a ser parte integrante ser del pie , o de alguien que creía que algo extraño pasaba y cuando finalmente después de 15 kilómetros decidió comprobar lo que era se dio cuenta de que las botas deben estar íntimamente vinculadas con las plantillas y que la falta de estas provoca daños cuantiosos en unos pies que no sean africanos.
Molestas o quizás muy molestas pueden llegar a ser esas piedritas pequeñas que además tienen la virtud de ser móviles y se desplazan de un lado a otro de la bota haciendo que ya no sepas si son una, son dos o una cantera lo que llevas dentro.
¿Porque no paramos inmediatamente entonces para sacarlas?, ¿esperamos quizás que se deshagan y se vuelvan inocuas? , ¿puede que las prisas nos lleven a pensar que más adelante ya habrá tiempo de parar para voltear la bota ?, por el contario yo creo que ni lo uno ni lo otro , yo creo que seguimos con ella moviendo los dedos , buscándole un alojamiento cómodo porque pensamos y creemos que podemos con ella .
Este fin de semana no ha sido la piedra sino la lluvia la que se ha alojado en nuestros planes y que también hemos creído poder con ella , así nos hemos mojado , hemos cambiado tres o cuatro veces de planes pero lo que es indudable es que hayamos o no podido con ella esta alternativa ha sido mucho mejor que la de esperar en casa a fines de semana soleados.
Teníamos intención de hacer un barranquito en Picos , como para ver si nuestros cuerpos orondos son capaces de rellenar el neopreno de épocas pasadas, pero entre las prohibiciones advertidas en algunos de los barrancos más clásicos y el frío pronosticado decidimos cambiarlo por unas rutas de monte y por la famosa y recientemente inaugurada ferrata de la Hermida .
Raul nos había reservado hueco en el albergue de Bejes , donde te agradecen que aparezcas con una cazuela de bacalao a poder ser . Bejes es una de esas aldeas remotas de Picos que aun hoy en día rinde pleitesía al valor y las convicciones de aquellos revolucionarios románticos que extendieron durante 17 años la guerra civil ( allí los llamaron Maquis , el régimen los tildó de rebeldes y ellos murieron creyendo ser libertadores ).
El día está nublado y fresco , los primeros vientos del invierno se dejan notar cada vez que tdesarbolamos la mochila de la espalda sudada, ascendemos casi entre nieblas al collado , en dirección paralela al macizo de Andara y siguiendo las indicaciones de Miguel ( el regente del albergue ) giramos entre brañas y los ríos que descargan la humedad de las cimas . Comemos mientras el tiempo nos lo permite hasta que empujados por la niebla bajamos por el Collado Peleas y una resbaladiza pendiente nuevamente a Bejes , un paseíto de 16 kilómetros y unos gramos de agua en nuestros chubasqueros y paraguas , y por que no decirlo también en nuestros calzoncillos .
A las 6 de la tarde tomamos al asalto el pequeñísimo albergue , ese reducido espacio coquetamente adecuado nos muestra más que un albergue, una casa rural , unas habitaciones cuidadas con gusto exquisito dan un tono más que acogedor que rubrica una esmerada cocina .
Ya he perdido la cuenta de si las historias que se contaron en torno a la moderna lumbre duraron 5 o 6 horas antes de que decidiéramos cenar , y si el desánimo de los aconteceres de la vida moderna enjuagada con la esperanza de que siempre hay que ir “pa lante” no quedaron totalmente neutralizados en tan larga charla la cena de Begoña calmo nuestras inquietudes para poder dormir placenteramente .
Miguel a la vista de la lluvia que enjuaga sin parar las paredes calizas de Picos de Europa nos recomienda no intentar la ferrata y nos seduce con la idea de visitar una cueva similar a las del “Soplao” pero en la que además aseguran que por un lado entran las ovejas macho y por el otro sale automáticamente el queso Picón al estilo tradicional , al final todo depende de si el paisano de turno se digna a dejarle la llave de tan preciado recinto .
El desayuno consiste en el cola-cao al estilo montañés , unos sobaos , panes tostados con mermelada y la noticia de que no tendremos la llave de la cueva, como alternativa nos desplazamos con los coches hasta el parking del collado para hacer el Cueto del Ave , la piedra que se ha colado en el cielo sigue molestando con cortinillas de agua , que a ratos maduran en chubascos y a ratos crecen en calderadas , hacemos lo que podemos y cuando nos encontramos enriscados a derechas y a izquierdas enredados por la capa de agua decidimos llegarnos hasta Potes para dar cuenta de una fabadita asturiana y explorar las posibilidades de un bacalao ajo arriero de montaña .
Poco más dio de si el día además de los planes futuros de puentes y re-puentes y la obligada compra del queso de la zona .
Hemos hecho lo que hemos podido , lo mejor que sabemos y con nuestro mejor carácter , mojados , esperanzados , con nuevos conocidos y como la piedra del zapato al final habituados a que la piedra del cielo- la lluvia -sea ya sin más una parte casi indolente de nosotros .
Gerardo
