Aunque los ríos
discurren de las montañas al mar de forma natural , no siempre podemos confiar
en este criterio para orientarnos . Este consejo de supervivencia lo pusimos a
prueba ayer , cuando queriendo ciclar
hacia la Vega de Pas veíamos discurrir la corriente en nuestro sentido.
La bici , esa
gran olvidada de nuestras salidas , nos da grandes satisfacciones cuando la
abordamos y sobre todo porque las salidas normalmente discurren por vías verdes
que son garantes de recorridos descansados y llanos .
La Vega del Pas
,el río Pas y el valle amplio que lo delimita son una zona de lo que podríamos denominar
como Cantabria profunda , tan es así que los antiguos pobladores de esta zona
provenientes de la fría Suiza en tiempos de las cruzadas , no encontraron lugar
más recóndito y olvidado en el Norte para exiliarse.
No fuimos pocos
los que ayer nos atrevimos a desafiar nuevamente la inclemente meteorología que
para desdén nos donó cuatro gotas a
última hora de la tarde . Ayer vimos mucho verde a la vera de nuestras ruedas ,
un agua limpia procedente de las cumbres nevadas de los Tornos y un sol escaso que
asomaba tímidamente en cada vuelta del
camino .
Ciclamos tan
despacio que la media que nos salía en las primeras dos horas casi correspondía
a una marcha rápida caminando, por fin y a los 27 kilómetros de la salida
encontramos en Ontaneda un parque precioso para desencajar el sillín de la
entrepierna y comer a la sombra de los robles gigantes .
El tiempo de
regreso fue bastante más recortado motivados por pequeñas cortinas de Sirimiri, llegados a la
estación de Puente Viesgo , perdidos en el lugar que bien podría pasar por una
rémora de decorados de película echamos el freno para reagruparnos . Nos
sentamos en los mismos bancos que habrían utilizado las generaciones anteriores
deseosas de emprender una aventura en tren que les podría llevar hasta
Santander allí donde solo se iba una vez al año y algunos una vez en la vida .
Nosotros perdimos
el tren que pasaba a menos cuarto y seguimos sobre dos ruedas hasta Sarón y aunque la lluvia motivaba para dar pedales
el cansancio de la cola del pelotón lo estiraba , pero al final no contamos bajas en la línea de Meta .
La vía es más bien un paseo entre las casas de
campo que los afortunados cántabros han ido construyendo a lo largo del valle ,
praderas, montañas desforestadas aunque verdes y cielos grises crean ese boceto
de domingo , nosotros lo enmarcamos entre quejidos de entre piernas y caras
encerilladas que reflejaban los 53 kilómetros de la ruta .
Buena semana :
Gerardo
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