lunes, 27 de mayo de 2013

Siguiendo el Curso del Pas


Aunque los ríos discurren de las montañas al mar de forma natural , no siempre podemos confiar en este criterio para orientarnos . Este consejo de supervivencia lo pusimos a prueba ayer , cuando queriendo ciclar  hacia la Vega de Pas veíamos discurrir la corriente en nuestro sentido.

La bici , esa gran olvidada de nuestras salidas , nos da grandes satisfacciones cuando la abordamos y sobre todo porque las salidas normalmente discurren por vías verdes que son garantes de recorridos descansados y llanos .

La Vega del Pas ,el río Pas y el valle amplio que lo delimita son una zona de lo que podríamos denominar como Cantabria profunda , tan es así que los antiguos pobladores de esta zona provenientes de la fría Suiza en tiempos de las cruzadas , no encontraron lugar más recóndito y olvidado en el Norte  para exiliarse.

No fuimos pocos los que ayer nos atrevimos a desafiar nuevamente la inclemente meteorología que para desdén nos donó cuatro  gotas a última hora de la tarde . Ayer vimos mucho verde a la vera de nuestras ruedas , un agua limpia procedente de las cumbres nevadas de los Tornos y un sol escaso que asomaba tímidamente  en cada vuelta del camino .

Ciclamos tan despacio que la media que nos salía en las primeras dos horas casi correspondía a una marcha rápida caminando, por fin y a los 27 kilómetros de la salida encontramos en Ontaneda un parque precioso para desencajar el sillín de la entrepierna y comer a la sombra de los robles gigantes .

El tiempo de regreso fue bastante más recortado motivados  por  pequeñas cortinas de Sirimiri, llegados a la estación de Puente Viesgo , perdidos en el lugar que bien podría pasar por una rémora de decorados de película echamos el freno para reagruparnos . Nos sentamos en los mismos bancos que habrían utilizado las generaciones anteriores deseosas de emprender una aventura en tren que les podría llevar hasta Santander allí donde solo se iba una vez al año y algunos una vez en la vida .

Nosotros perdimos el tren que pasaba a menos cuarto y seguimos sobre dos ruedas hasta Sarón  y aunque la lluvia motivaba para dar pedales el cansancio de la cola del pelotón lo estiraba , pero al final  no contamos bajas en la línea de Meta .

La  vía es más bien un paseo entre las casas de campo que los afortunados cántabros han ido construyendo a lo largo del valle , praderas, montañas desforestadas aunque verdes y cielos grises crean ese boceto de domingo , nosotros lo enmarcamos entre quejidos de entre piernas y caras encerilladas que reflejaban los 53 kilómetros de la ruta .

Buena semana :



Gerardo

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